La persona víctima de
acoso laboral, mobbing, va experimentando
lentamente un progresivo deterioro de su autoestima,
de la confianza en sí misma y en sus
capacidades profesionales.
Esto va a desembocar en un proceso de desvalorización
personal y en el desarrollo de la culpabilidad,
con lo cual la víctima llega a creer
que realmente ha cometido errores o incumplimientos,
así como fallas profesionales irreparables.
Estos conflictos conducen a la víctima
a al somatización, o sea a enfermedades
físicas, tales como insomnio, ansiedad,
estrés, irritabilidad, fatiga, depresión,
hipervigilancia, cambios de personalidad, problemas
de relación con su pareja, con sus hijos,
con sus amigos. Del estrés se derivan
también disfunciones sexuales, gastritis,
dolores de cabeza frecuentes, taquicardias.
En su conducta cotidiana la víctima presenta
también inseguridad, torpeza, indecisión,
conflictos con otras personas, agresividad.
En su hogar aumentan las enfermedades de los
hijos y sus problemas escolares.
La víctima sale de la organización
de manera voluntaria o forzosa.
La recuperación de la víctima
puede durar mucho tiempo, a veces no se recupera
más la capacidad de trabajo.
En otros casos, se sucede una especie de “re-mobbing”.
Después que el acosado se ha desvinculado
de la organización donde sufrió
el acoso, el mobbing continúa con informes
negativos a futuros empleadores, perjudicando
de este modo la posibilidad de nuevos empleos
para la víctima.