Aunque el concepto de “estrés”
parezca nuevo, no lo es. Data de la década
del ’30. Por aquel entonces, Hans Selye,
estudiaba medicina en la Universidad de Praga.
Ya por aquel tiempo, este joven estudiante,
observaba en los pacientes que estudiaba, que
independientemente de la enfermedad que padecían,
todos tenían síntomas en común,
como astenia, cansancio, pérdida de peso
y del apetito, etc., a esto el joven Selye lo
llamó “síndrome de estar
enfermo”.
Una vez graduado, realizó un doctorado
en química orgánica, y más
tarde un posdoctorado, que comenzó en
E.E.U.U. y finalizó en Canadá,
en la Escuela de Medicina de la Universidad
McGill. Fue allí donde desarrolló
sus famosos experimentos con ratas de laboratorio,
estos consistían en exigirles a las ratas
un ejercicio físico extenuante, comprobando
así el aumento de las hormonas suprarrenales
(ACTH, adrenalina y noradrenalina), la atrofia
del sistema linfático y la presencia
de úlceras gástricas. Al conjunto
de estas alteraciones orgánicas las llamó
“estrés biológico”.
A partir de estas experiencias de laboratorio,
Selye llegó a la conclusión de
que algunas enfermedades como la hipertensión
arterial, las cardíacas, los trastornos
emocionales o mentales eran el resultado de
cambios fisiológicos que provenían
de un prolongado período de estrés.
Continuó sus investigaciones integrando
conceptos que están vigentes hoy en día.
Afirmó que además de los agentes
físicos nocivos que producen estrés
en el organismo animal, en las personas las
demandas sociales, las amenazas del entorno
de cada individuo y todo lo que signifique una
exigencia mayor a las posibilidades que el mismo
tiene de responder y que lo llevan a una necesidad
inminente de adaptación, provocan el
trastorno del estrés.
Por eso es que el tratamiento del estrés
requiere de atención multidisciplinaria,
como medicina y psicología básicamente.